Los Characatos
Bolivia, Chile y Perú son Provincias olvidadas de la
República Independiente de Arequipa. Moquegua y Tacna
son sus Distritos y Puno y Cuzco, sus Pueblos Jóvenes.
En Lima, los de “la cría”, son de Huacho. En Arequipa,
son de Camaná, pero en la ciudad misma, los exponentes
clásicos de su “espíritu”, son los “Characatos”:
bonachones, rurales y casi “caídos del palto”,
grandazos, sin malicia y generosos, sufren de la
discriminación de sus propios paisanos que se consideran
los “avivatos” por antonomasia.
Por eso el apelativo de “Characatos” se aplica con
profundo sentido irónico, conforme el principio de la
identidad de los contrarios.
País de recia personalidad y controvertida geografía, no
es sierra ni costa, sino “cuesta”. Así pueden gozar de
las ventajas de la una o de los privilegios de la otra,
según las conveniencias de la protección oficial. Si a
la costa se le eximen los tributos, son costeños; si a
la sierra se le otorgan subvenciones, son serranos. Hay
que tener siempre “una pica en Flandes”.
Juristas de nacimiento, tienen una profunda vocación
política y religiosa: todos estudian para Presidente o
Cardenal. Secos por naturaleza como su clima, poseen un
sentido del humor muy parco. Casi carecen de “correa”,
pese a que producen los mejores cueros “do mundo”. Por
lo demás, en nada se quedan “chicos”.
Su clima, “eterno cielo azul, puro sol”. Su leche sabe
a “Gloria” y los británicos resultan unos huachafos
frente a ellos haciendo toffees. Hay camarones en todos
los desagües; huatacay, cebollas, ajos (los mejores del
planeta), en todos los jardines; los cuyes se pasean por
las calles, y en las picanterías, los varones hacen
demostraciones de valor frente al rocoto, ese ají de
doble llanto. Todo es grande, desde la Plaza, la
Catedral y los Portales, hasta el “rachi”, el “bebé” de
chicha y el “mojontuyo”: tremendo hueso capaz de
sazonar más de diez mil chupes. Arequipa es una
verdadera exageración de la naturaleza.
En eso, parecen hermanos de los brasileños, son
“cariocas” de altura: 2,300 metros sobre el nivel del
mar.
Cualquier arequipeño es como “el Increíble Hulk”: se
transforma en otro hombre cuando le entra la “nevada”.
Se olvida de todo, no saluda ni a su padre, pierde el
apetito y se le cierra le entendimiento. Es la
influencia del Misti, su volcán y eterno adoratorio.
Así son ellos, no erupcionan nunca. Sus “revoluciones”
se las hacen otros: Sánchez Cerro y Odría, por
ejemplo. Pero cuando se encrespan, las hacen en Lima,
como Don Nicolás de Piérola.
Hay tres clases de arequipeños:
El arequipeño de mierda: nacido en Arequipa, de padres
y abuelos arequipeños, se casa con arequipeña; vive,
trabaja y muere en Arequipa; sueña con ser sepultado en
el Convento de Santa Catalina; es serio, laborioso y
machista. “Loncco” puro. Tal vez por eso lo mejor que
tiene Arequipa son sus mujeres: sinceras, cultas,
trabajadoras, amorosas y honestas. Es su manera de
reaccionar contra el machismo.
El criollo arequipeño:
Bohemio, hospitalario y amiguero, alegre y botarate.
Ocioso en su tierra, pero trabajador en Bolivia. Hace
gala de un regionalismo deportivo y rinde culto a la
amistad.
El
arequipeño cosmopolita: Hijo y nieto de arequipeños,
vive en Lima, sueña con su tierra y piensa como
chalaco: saperoco, palabreador y enamorado.
El Perú está lleno de arequipeños.
Un joven de Arequipa, en trance de viajar a Lima,
recibía entre muchos, el siguiente consejo de su padre:
“Hijo mío, cuando te pregunten de dónde eres, nunca
digas de Arequipa,
sino simplemente del
Sur”.
-Pero padre, ¿por qué tengo que negar a mi tierra?
-Por modestia, hijo de mi alma, por modestia. No tienes
derecho de humillar a los demás....
VIVA
AREQUIPA
